7 de agosto de 2017

MONSEÑOR FRAY ANTONIO ALCALDE Y BARRIGA, OP.

Hoy hemos celebrado la conmemoración de Fray Antonio Alcalde, en el año en el que se están cumpliendo el 225º Aniversario de su muerte. 

Este siervo de Dios, que va camino de los altares, nació en Cigales en el año 1701. Por ello nuestro pueblo se enorgullece de un personaje tan ilustre.

Entró en la Orden de Predicadores de Valladolid, dominicos, y desde entonces toda su vida fue una total entrega al Señor en el servicio a los más pobres. Precisamente serían estos los que le recordarían aquellas palabras de Jesús: "cuando me visteis con hambre y me disteis de comer, cuando... (...) ... cuando lo hicisteis con cada uno de ellos, conmigo lo hicisteis". 

En la iglesia parroquial hemos tenido la celebración de la Eucaristía, presidida por nuestro párroco, el P. Juan Carlos. La Asociación de Jubilados de Fray Antonio Alcalde ha sido la encargada de participar en la liturgia.

La localidad y parroquia de Cigales se une a la alegría del pueblo mexicano por el recuerdo agradecido de este hombre de Dios, que supo muy bien integrar la fe y la cultura, respetando las formas, las tradiciones, etc.

31 de julio de 2017

Homilía del P. Juan Carlos - Festividad San Ignacio de Loyola

Hoy celebramos la fiesta de San Ignacio de Loyola. No hace mucho nuestra parroquia visitó, camino hacia la gruta de la Virgen de Lourdes, la Basílica de Loyola. Allí visitamos su casa natal, la Santa Casa, así como celebramos la Eucaristía en la Capilla de la Conversión.
            Este Santo, probablemente nació el año 1491 y murió un el 31 de julio de 1556. Según su propia autobiografía, que él mismo dictó al Padre Luis González de Cámara. La narración de su vida le costó Dios y ayuda a este joven jesuita, pues Ignacio podía ver en este gesto cierta vanagloria.
            Precisamente así comienza su autobiografía: “San Ignacio fue un hombre dado a las vanidades del mundo”. Quizá de lo que más pecó en su juventud, es lo que después de su conversión lo que más trabajo le dio.
            Era un hombre que servía a señores de corte, tanto en Navarrete, como en Nájera, como en Arévalo. Un soldado que presumía, pero una bala le dio donde menos le gustaba, donde más le dolía: la pierna. Le dejó cojo para siempre, pero sobre todo el dejó tocado para siempre del Señor.
            Sería su tierra natal, Loiola, donde, convaleciente, descubriría los entresijos que Dios le tenía preparado. Leyendo la vida de Cristo y de los Santos, pues de caballería, parece no había, descubrió la llamada de Dios para él: ser santo.
            Allí, la Casa Torre, que le vio nacer, pasaría su primera conversión, y, conversión definitiva.
            Y para ser santo, Dios contó con la pasta de la que Ignacio estaba hecho, de sus luces y, también, de sus sombras, me refiero a su vanagloria y aspiración noble que tenía. No obstante, Dios parece que escribe derecho con renglones torcidos, pues le hizo ver que su mayor felicidad la encontraría en la mayor Gloria de Dios.
            Dios realizó con Íñigo grandes maravillas, como María expresa en su Magnificat, así él también, al concluir la experiencia de transcribir el libro de los Ejercicios Espirituales, manantial espiritual, consagró su vida con aquel: “Tomad Señor y recibid…”.
            Dios lo era todo para él, él era todo para Dios. Así fue, por el acompañamiento espiritual a otros sacerdotes o estudiantes de teología, fue como creo los primeros compañeros con los que fundaría la Compañía de Jesús, los jesuitas. Entre ellos, como olvidar San Francisco de Javier, de gran ardor misionero, del cual se inspiraba la orden desde el primer momento.
            San Ignacio de Loyola podríamos decir que fue un hombre muy adelantado a su tiempo. Esto no le pudo llegar más que por la relación personal que tenía con la persona de Jesús. Él era un místico. Su pluma era guiada por el Espíritu Santo, así se convirtió, junto a Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Juan de Ávila, etc., en uno de los grandes maestros espirituales del llamado Siglo de Oro.
            De él nació una orden y una espiritualidad, la llamada comúnmente “ignaciana”, de ella bebemos muchos hombres y mujeres del mundo entero. La clave de esta espiritualidad se centra en la experiencia de los Ejercicios Espirituales, y dentro de la misma la contemplación de la Encarnación; Dios se ha hecho hombre para que más le amemos, sirvamos y sigamos.

            María, siempre ha estado presente en su vida, siempre le pedía que le pusiera con su hijo, hoy le pedimos nosotros lo mismo: María ponnos con Jesús.

Excursión parroquial a Cuéllar y el Santuario del Henar

Nuestra parroquia, junto a la parroquia de Corcos, visitó el pasado sábado la Exposición de las Edades del Hombre, que este año tiene sede en tres templos de Cuéllar. "Reconciliare" es el lema, haciendo alusión a la Reconciliación. Toda la muestra ilustra este valor tan propio de un cristiano, puesto que nuestro Dios es lo que nos enseña y manifiesta. 

Las Edades del Hombre se nos ofrecen en diversos capítulos y en tres iglesias de la parroquia de Cuéllar. Realmente una bella presentación no solo de nuestro patrimonio, sino también la catequesis que se nos ofreció.

Las parroquias de Cigales y Corcos han realizado muchas excursiones juntas, por ello, los adictos a ellas ya se van conociendo.

Queremos ser parroquias que manifiesten su ser "comunidad" fuera también de su territorio habitual. 

La excursión también contó con la visita al Castillo de Cuéllar, así como la celebración de la Eucaristía en el Santuario del Henar.

Himno a San Ignacio de Loyola

25 de julio de 2017

SANTIAGO APÓSTOL - Homilía del P. Juan Carlos

Santiago Apóstol, patrono de esta parroquia tan querida de Cigales, así como nombre de esta apreciada iglesia. Esta iglesia bien llamada catedral del vino en homenaje a la denominación de caldos que se cultivan por estas tierras. Iglesia, cuyas torres otean, cual vigías, el panorama que le rodean.
Cigales, ¿qué sería sin sus vinos?, pero hermanos, ¿qué sería sin su iglesia? Su iglesia escarpada, domina la villa y toda la región. Esta iglesia imponente, mastodóntica, típica herreriana, enorgullece a las gentes de Cigales, a los de toda la vida y a los mal llamados “forasteros”. Pues la iglesia Santiago Apóstol de Cigales, así como su parroquia, acoge, al modo de los albergues en el Camino de Santiago, a todo peregrino que se acerca. La acogida para un cristiano es elevada a la categoría de obra de misericordia.
El Camino de Santiago riada de lenguas, tipologías y culturas, pues el Espíritu del Camino es el que hace posible la provocación del encuentro, especialmente con Aquel Hombre que se hace el encontradizo en nuestro caminar, en nuestra vida cotidiana, en tantas vicisitudes y, también, alegrías con las que está sazonada nuestra existencia.
Ese Hombre, Dios para más señas, que se descubre, también en este templo, cuando a la hora de la Santa Misa contemplamos su presencia al partir el Pan, ahí le hablamos de tú a tú, pues Él es-con-nosotros; y en su Comunión está su Vida Eterna.

18 de julio de 2017

Solemnidad Santa Marina, Virgen y Mártir - Homilía P. Juan Carlos

¡Viva Santa Marina!, solemos gritar en este día. Al pronunciar esta interjección deseamos expresar la alegría de la fiesta, la alegría de pasar unos días de descanso juntos, dejando a un lado las preocupaciones, los sinsabores de la vida, y sacando del fondo -al modo de la vertedera en la tierra- lo mejor de nosotros mismos. Todos somos capaces de dar lo mejor que tenemos: la convivencia, la solidaridad, la tolerancia, la templanza, el buen hacer, la amistad, la diversión, la música, el baile, la buena palabra, la mirada de frente, el buen saludo, etc. Y sobre todo el deseo de crear en nuestra villa un hogar donde el que venga pueda sentirse como en casa, que se note que Cigales es lugar cordial, que sabe respetar lo diferente, que incluso puede ponerse en lugar del otro, y donde sobra la mofa, el ridículo, la soberbia, la murmuración y la chismorrería, la embriaguez, la contaminación, la descalificación, la blasfemia, el egoísmo del “y tú más”.
              Santa Marina, sin embargo, puede quedar tan solo en un símbolo de la fiesta. Por eso, sería triste que de esta fiesta -que procede desde tiempo inmemorial- tan solo nos quedáramos con fuegos de artificio. Tenemos la responsabilidad de continuar lo que nos dejaron como mejor herencia nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros ancestros; esto es, Santa Marina, es decir, modelo de creyente en Jesús el Señor. Ciertamente que no les estoy animando a aquello de: “aquí siempre se ha hecho así”, y hay que continuarlo. En absoluto, pues el tiempo cambia, y el Espíritu nos ha de inspirar nuevas formas, pero son solo formas, el fundamento habrá de ser siempre el mismo, sin edulcorar. Hoy, si no, fíjense, llevaremos a la imagen en carro, por falta de hombros.
              Todos nosotros hemos oído muchas veces la leyenda que envuelve la vida de Santa Marina. Pero hay algunos rasgos muy importantes que me gustaría resaltar en esta homilía: Santa Marina, Virgen y Mártir.
Marina, laica cristiana de la primera mitad del siglo segundo, de origen gallego, para nosotros, patrona, es decir, modelo de creyente, defensora de la fe cristiana aun a costa de su propia vida. Recordamos como fue decapitada por mandato de su padre, por recibir el bautismo a espaldas de este. Santa Marina es ejemplo de una Iglesia que quiere el diálogo con el mundo y que pretende sin pudor ni reservas llevar el Evangelio a los hombres de cada tiempo. Esta es una “Iglesia en salida”, que no se queda enclaustrada en los templos, sino más que nunca desea ser misionera, encarnada en el momento, de la mano de Jesús, en el intento de integrar, ese es nuestro deseo, la fe y la justicia.