28 de agosto de 2016


Hoy es Domingo, y los cristianos tenemos una cita muy especial en la iglesia. Hacemos un parón durante la semana y nos reunimos como comunidad para celebrar la Eucaristía.
Esta mañana al escuchar los textos de la Palabra de Dios puede que se hayan dado cuenta del valor del que la Escritura hoy nos habla. Y a través de ella, Dios nos habla, a nosotros, no a otros, a nosotros, a nosotros.
Ese valor del que nos habla es la humildad y como opuesto, o como contravalor estaría la falsa humildad, o la soberbia, o la vanagloria, el creernos más, el estar por encima de los demás.
Durante este verano he tenido la ocasión de hablar con muchas personas a nivel espiritual, es decir, desde dentro, conversaciones que pertenecen al ámbito de la confesión o de la dirección espiritual. Es decir, cuando la persona se abre ante Dios y se muestra delante de un hombre, un sacerdote, tal cual es. Hay que reconocer que es un gesto de humildad muy grande, porque a ninguno de nosotros nos gusta que los demás conozcan nuestros puntos flacos: “anda si parecía una cosa, y es otra”. Por eso, en ocasiones, podemos preferir movernos en el ámbito de la apariencia, del aparentar, lo que no sé es “a ton de qué”.
Pero fíjense, cuando uno se posiciona desde la humildad, y es capaz de reconocer sus debilidades, es cuando actúa la misericordia, porque es cuando uno da el paso de cambiar de puesto: se pasa del primer puesto: primero yo, luego yo y siempre yo; al desplazamiento, de lo que tú quieras, lo que te parezca mejor; ahí en ese cambio, está la acción de Dios. Y saben una cosa, la acción de Dios se nota, porque especialmente da paz. Cuando somos soberbios, cuando queremos sobresalir, cuando queremos dar a conocer que estamos enfadados, que algo se nos ha hecho -pero no se comunica, porque en el fondo, la soberbia es el arma de las personas que les cuesta dialogar, confrontar, corregir fraternalmente-, en esa situación, en el fondo de nuestra conciencia, que todos tenemos, no nos gustamos, no vivimos bien, porque estamos peleados con medio mundo. Sin embargo, el reconociendo de la culpa, de la herida, nos ayuda a la comprensión, a relativizar algunas cosas que engrandezco y que no son tan importantes.
Es mejor, visto desde la Palabra que acabamos de escuchar, ser sencillos, ser serviciales, ser amables, etc. todo esto, encima produce en nosotros una alegría interior. Lo contrario, puede que ayude a caer en la cuenta que uno marca el territorio y que se es el rey del cotarro, pero, por favor, ¿qué se saca con todo eso? Que alegría da, cuando las personas se respetan, especialmente cuando se tienen pareceres muy distintos. Muchas veces la soberbia intenta imponer una razón, una posición, sin embargo, la humildad es ser cómo Dios, aunque ante los demás podamos ser -incluso- estimados por tontos.
Sin embargo, cuidado, ¡ojo!, que hay una falsa humildad. Ahí está la posición de los fariseos: aquellos que, con palabras delicadas, con voz fina, amable, etc. siguen prefiriendo los mejores puestos, siguen minando su alrededor cuando alguien pisa su mina explosiva. Es la falsa humildad que se corresponde con el lobo disfrazado de cordero. Esta es muy peligrosa, porque no solo engaña, sino que llega autoengaña, es tan sibilina que incluso no se llega a apreciar. Se necesita la luz de Dios para desenmascararla, descubrirla y darle el flis que las mata bien muertas.
Queridos hermanos, veamos a los demás como Dios encarnado en ellos, entonces, si amamos verdaderamente a Dios, solo deseemos amarle en ellos y entonces no habrá mota que disipe nuestro quehacer como cristianos, que es hacer la voluntad del Padre, ahí en el servicio desinteresado a los demás. Se lo pedimos a María, nuestra Madre, cuya fiesta de su nacimiento, estamos muy prontos a celebrar. Así sea.

16 de agosto de 2016

Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora


Hace poquitos días pude vivir de cerca el encuentro del Papa Francisco con miles de jóvenes católicos de todo el mundo en Cracovia, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Impacta ver la sintonía del Papa Francisco, que tiene ochenta años, con estos jóvenes; él logra interpretar sus sentimientos y encuentra las palabras adecuadas para tocar sus mentes y corazones. El eje de esta Jornada Mundial fue la misericordia, dentro de las celebraciones del Jubileo de la Misericordia.

Acabamos de escuchar unas palabras inspiradoras del escrito a los Hebreos. En ellas podemos encontrar conexión entre este texto y las palabras del Papa Francisco a los jóvenes católicos del mundo entero. Hemos escuchado: “Dejemos todo lo que nos estorba; librémonos del pecado que nos ata, para correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante, fija la mirada en Jesús, autor y consumador de nuestra fe”.

En Cracovia, el Papa exhortó a los jóvenes a asumir el reto de construir el futuro y, lo más importante, expresó su confianza en ellos, los valoró y los invitó a comunicar su vitalidad a un mundo que se siente desesperanzado. Precisamente en las intervenciones del Papaencontramos propuestas concretas para poner en práctica las palabras del texto bíblico. ¿Cómo dejar a un lado lo que nos estorba?, ¿cómo librarnos del pecado que nos ata?, ¿cómo correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante? El Papa nos da algunas pistas.

La primera pista es vivir con pasión y entusiasmo nuestros compromisos. El Papa decía a los jóvenes: “No hay nada más hermoso que contemplar las ganas, la entrega, la pasión y la energía con que muchos jóvenes viven la vida. Es estimulante escucharlos, compartir sus sueños, sus interrogantes y sus ganas de rebelarse contra aquellos que dicen que las cosas no pueden cambiar. Es un regalo del cielo poder ver a muchos de ustedes que, con sus preguntas, buscan hacer que las cosas sean diferentes”. Necesitamos contagiarnos de esta vitalidad de los jóvenes. Muchos creyentes viven su fe de una manera lánguida, sin entusiasmo, reduciéndola al cumplimento de unos ritos que se repiten monótonamente. En el evangelio que acabamos de escuchar, Jesús utiliza un lenguaje que nos debe despertar de nuestra somnolencia: “He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!”. Los adultos debemos contagiarnos de esa pasión con que los jóvenes viven la vida.

12 de agosto de 2016

Festividad de Santa Clara de Asís - Monasterio "Sagrado Corazón" MM. Clarisas de Cigales

Se hacía pública el pasado 22 de julio la constitución Vultum Dei, “la búsqueda del rostro de Dios”, con la que el papa Francisco dedicada a las monjas contemplativas unas palabras de ánimo y esperanza. Y el pasado 2 de agosto, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, Bergoglio fue durante unas horas Francisco en Asís.
Por aquí me gustaría que giraran mis palabras en esta tarde en la que celebramos esta gran fiesta dedicada a Santa Clara de Asís. Clara como María, amaban la sencillez de vida para estar cerca de Dios y no los primeros puestos, como muchas veces no solo pasa a la madre de los Zebedeos que desea primeros puestos para sus hijos, sino a todos nosotros; el papa muchas veces al clero nos previene de ello. Santa Clara es muy conocida por todas ustedes, ¿qué les voy a decir yo de nuevo? Serán ustedes las que nos tendrán que hablar a todos nosotros, contagiar ese estilo de vida, totalmente enraizado en la pobreza. La pobreza eje vertebrador de todo el carisma franciscano. La pobreza material, pero también la pobreza espiritual.
Sin embargo no me resisto a comentar que Clara de Asís fue una mujer rebelde, diría, “rebelde con causa”. Era una mujer inquieta porque la voz del Señor era alta y clara en sus oídos y en su corazón, a su alrededor no siempre era así, y por ello estaba ella para aclarar, de ahí su nombre Clara, como la luz del Sol. Era una mujer incómoda

con su contexto, en ese sentido, nada tibia para la fe, muy cercana al Señor, por medio de la Palabra, la oración y los sacramentos, muy cercana, también, de aquellos que para ella pudieran ser luz, por eso, le gustaría ser como una calcomanía del mismo Francisco. San Francisco de Asís es todo un referente de vida para ella. Ellos gozan de una relación de amistad en el Señor que es limpia y pura, no libre de prejuicios ni entonces ni ahora; ser célibe no implica no tener amigos o amigas; nuestros amigos que sean en el Señor, como un gran santo dijo para sus seguidores.
Pero las palabras del Papa Francisco para ustedes son toda una bendición. Se nota que él es religioso y conoce y reconoce la vivencia de la Vida Consagrada en este tiempo. Dedicamos un Año a la Vida Consagrada para hacer memoria agradecida y ahora, concretamente, les corresponde a ustedes, monjas contemplativas. Que mejor regalo en este día que saborear las palabras del papa que les recomienda que miren, otra vez hacia atrás, pero no para añorar, sino para reconocerse en medio de la Iglesia, su especial vinculación al corazón de Cristo, su pertenencia a Él, es desde un corazón indiviso, es decir, pobre, casto y obediente. Tres actitudes que hacen a la monja disponible para realizar la voluntad de Dios, tal y como Santa Clara escribió en su regla, ella, la primera mujer que escribió una regla. Junto a estas características que ustedes llevan anudadas en el cíngulo de su hábito, para no olvidar, están otras características que pertenecen a la estructura de un monasterio y que dice el Papa conviene disfrutar con el fin de estar siempre en intimidad con Jesús que es por el que están todas ustedes aquí. Y no lo están desde la amargura, aunque a todos nos llegan días y días, sino que están porque ustedes han reconocido que en la voz fuerte de Dios, les hablaba de estar en una especie de desierto, en el que pudieran alabarle a Él y a toda la creación, junto a todas sus criaturas, por siempre.

7 de agosto de 2016

Homilía Domingo 19º TO Ciclo C - Fray Antonio Alcalde y Barriga, OP

Hace unos días que volví de la peregrinación a Cracovia. Mucha gente cuando me ve, me dice: ¿qué tal las vacaciones? Sin embargo, creo que hay que distinguir lo que es una peregrinación de lo que son unos días de vacaciones. Lo cual no quiere decir, ¿verdad?, que cuando uno peregrina no se lo pueda pasar bien, como ha sido mi caso, que aunque voy sintiendo que ya no tengo tanta fortaleza como antes, aún hay resistencia. Precisamente uno de los mensajes que los jóvenes en la JMJ escuchamos con más, asiduidad, incluso los españoles, lo llevábamos en una camiseta, era eso: “hoy soy féliz”. Todos nosotros hemos cantado y bailado esta expresión, para Dios. Los jóvenes tienen un modo particular de expresarse que conecta muy bien con la alegría, precisamente con todo aquello que el Papa –a todas las horas- nos está deseando contagiar: la alegría de la fe, la alegría del Evangelio. Desde ahí se conecta con los jóvenes, desde la alegría; la alegría profunda que también se expresa por medio del canto y del baile. Como lo expresaban las monjas en Poznan, que alegría, eran la admiración de todos.