10 de abril de 2012
9 de abril de 2012
Comentario al Evangelio de hoy
Bonifacio Fernandez, cmf
Queridos amigos y amigas:
El acontecimiento de la resurrección de Jesús crucificado es inagotable. Constituye la gran buena noticia de nuestra historia. El descubrimiento del sepulcro vacío de Jesús pone en movimiento a los personajes protagonistas. Suscita la búsqueda; hace preguntarse por la presencia de crucificado. Se da a conocer en contra de las dudas y el escepticismo. Y Jesús mismo les sale al encuentro y les saluda: alegraos. Jesús les dice también: no tengáis miedo. El resucitado Mesías se hace encontradizo con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro. El resucitado sigue presente y se hace visible; se da a conocer con una invitación a la alegría. Ha vencido a la muerte y está plenamente vivo.
El anuncio de la resurrección se hace mediante la contraposición entre la acción de los líderes judíos por manos de los paganos y la acción de Dios mismo. “Vosotros lo entregasteis, por manos de los paganos, lo matasteis en la cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio” (Hech 2, 23-24). Este texto constituye el corazón del discurso que resume el kérigma primitivo trasmitido por Lucas. La resurrección de Jesús es obra de Dios mismo. Obra significativa y decisiva; está en continuidad con la historia de la salvación de Dios.
La resurrección de crucificado es la gran noticia. Hay que celebrarla. Hay que hacer fiesta larga. Una octava para paladear y disfrutar la gran noticia: está vivo, resucitó…!Amén! ¡Aleluya! Y una cuarentena pascual para hacerse cargo del significado del acontecimiento.
Y nosotros hoy, ¿tenemos ganas de resurrección? ¿En qué situación personal me llega la gran noticia de la resurrección de Jesús de entre los muertos por obra de Dios?
El acontecimiento de la resurrección de Jesús crucificado es inagotable. Constituye la gran buena noticia de nuestra historia. El descubrimiento del sepulcro vacío de Jesús pone en movimiento a los personajes protagonistas. Suscita la búsqueda; hace preguntarse por la presencia de crucificado. Se da a conocer en contra de las dudas y el escepticismo. Y Jesús mismo les sale al encuentro y les saluda: alegraos. Jesús les dice también: no tengáis miedo. El resucitado Mesías se hace encontradizo con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro. El resucitado sigue presente y se hace visible; se da a conocer con una invitación a la alegría. Ha vencido a la muerte y está plenamente vivo.
El anuncio de la resurrección se hace mediante la contraposición entre la acción de los líderes judíos por manos de los paganos y la acción de Dios mismo. “Vosotros lo entregasteis, por manos de los paganos, lo matasteis en la cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio” (Hech 2, 23-24). Este texto constituye el corazón del discurso que resume el kérigma primitivo trasmitido por Lucas. La resurrección de Jesús es obra de Dios mismo. Obra significativa y decisiva; está en continuidad con la historia de la salvación de Dios.
La resurrección de crucificado es la gran noticia. Hay que celebrarla. Hay que hacer fiesta larga. Una octava para paladear y disfrutar la gran noticia: está vivo, resucitó…!Amén! ¡Aleluya! Y una cuarentena pascual para hacerse cargo del significado del acontecimiento.
Y nosotros hoy, ¿tenemos ganas de resurrección? ¿En qué situación personal me llega la gran noticia de la resurrección de Jesús de entre los muertos por obra de Dios?
8 de abril de 2012
FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN
ALELUYA,
CANTAREMOS Y GRITAREMOS!
Con Mª Magdalena, a la que mucho se perdonó
porque supo amar otro tanto
Y, como ella, en este día nos asomaremos al
sepulcro
porque no podemos vivir sin Ti
porque, Señor Resucitado, eres la razón de
nuestra vida
¡ALELUYA,
CANTAREMOS Y GRITAREMOS!
Con Juan y Pedro, llamados y enviados
correremos como cristianos fervientes
justo delante de la misma losa
y mirando hacia el suelo, donde yace el
sudario
¡ALELUYA,
CANTAREMOS Y GRITAREMOS!
Que la muerte, aunque nos parezca mentira,
ha sido absorbida y aniquilada
vencida, humillada, algo que no será un
mañana definitivo
Que la muerte, muro y dique de toda
felicidad
con tu muerte, oh Señor, ha sido aplastada
¡ALELUYA,
CANTAREMOS Y GRITAREMOS!
Y, en esta florida Pascua,
Y, en esta florida Pascua,
reafirmaremos nuestro aprecio por la vida
contemplaremos la belleza que de ella brota
soñaremos con que, un día, seremos eternos
nos sentiremos llamados a defenderla
y a suprimir, de las habitaciones donde
ella habita,
todo signo de angustia y de tristeza
¡ALELUYA,
CANTAREMOS Y GRITAREMOS!
Hoy es la Fiesta Mayor de los cristianos
el triunfo y el regalo de la Pascua
el mejor obsequio que Dios ofrece a sus
hijos
En la muerte, por haber sido doblegada
miramos ojos abiertos al cielo que nos
aguarda
Que, en este día del sepulcro roto
el corazón del ser humano se deshace de
alegría
Que, en esta mañana de sorpresas y de
sobresaltos
Jesús, una vez más, sale a nuestro
encuentro.
¿Dónde estás, oh Jesús?
¿Dónde te ha dejado la muerte?
¿Dónde aquellos que pretendían custodiarte?
¡ALELUYA, CANTAREMOS Y GRITAREMOS!
¡ALELUYA, CANTAREMOS Y GRITAREMOS!
Hemos visto y hemos creído
Has resucitado
y, contigo, todos estamos llamados a la
vida
Amén
Javier Leoz
7 de abril de 2012
Acompañando a María en su dolor

"Jesús dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Y al discípulo: Ahí tienes a tu Madre. Desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa". (Jn 19,26)
Hoy es un día de silencio, esperanza y oración; día propicio para acompañar a María en su dolor, en su soledad, hoy nos encontramos con la imagen de una mujer que tomó en su regazo a su hijo, lo contempló, lo cuidó como al más grande de sus tesoros y lo entregó a la humanidad con absoluto desprendimiento, pues sabía de su misión.
Fueron 30 años de cuidados y de dedicación por parte de María Santísima para con Jesús, ella nos entregó un hombre lleno de vigor, de gracia y de hermosura y solo bastaron 3 años para que la humanidad se lo devolviera, ultrajado y desfigurado. María Santísima observo atónita a su hijo y lo tomó en sus brazos como cuando era un niño, acarició sus cabellos, organizó su barba, y limpió cada una de sus heridas y le hizo sentir su presencia.
El drama de Jesús, destruido por algunos hombres y mujeres de su tiempo, se repite hoy en la vida de muchos jóvenes, de muchos hijos desfigurados por falsas ideologías, maltratados por la cultura de muerte y casi inertes por el deseo del dinero fácil; no obstante lo anterior, muchos de ellos cuentan con la mano amiga y la tierna mirada de sus madres, ellas como María les muestran el camino de la vida y con disposición perenne los acogen en su regazo diciéndoles los amamos.
Esta sociedad necesita Madres al estilo de María, madres fuertes, madres que sepan superar las adversidades y restaurar el corazón de sus hijos, madres que nunca se den por vencidas, madres discípulas, madres que siempre estén firmes en el cumplimiento de su misión, que orienten a sus hijos en la toma de decisiones, madres que sepan guardar silencio, que nunca se cansen de orar, porque son consientes de la responsabilidad que tienen en sus manos, pues aceptaron la misión que Dios les encomendó.
Es por eso que hoy Sábado Santo, elevamos una oración por todas las madres, pedimos a la Virgen Madre que nos acompañe en esta labor, que nos de fortaleza para no desfallecer, que así como ella tuvo valor para recibir a su Hijo muerto entre sus brazos, que así también nosotras las madres de familia tengamos valor para enfrentar todas las dificultades que se nos presenten en la educación y formación de nuestros hijos. Hoy ponemos en tus manos Virgen doliente, el corazón de todas aquellas mujeres que han escogido el aborto como un escape fácil ante la responsabilidad de la vida, entra en el corazón de estas mujeres, sánalas e intercede para que a través de tu Hijo obtengan la redención.
Hermanas y hermanos, hoy María se siente sola, los que acompañaban a su Hijo no están, se han ido, están escondidos, están aterrorizados, tienen miedo, no entendieron, no captaron la necesidad de la muerte de Jesús, María siente dolor por la muerte de su Hijo y la cruz sobre sus hombros se vuelve pesada.
La cruz define y forma discípulos, algunos que estaban cerca se alejan y otros que estaban lejos se acercan, es el caso de aquel que dijo en medio de la cruz, "Verdaderamente este era el Hijo de Dios". Lo reconoció en el momento de la tribulación, y aquellos que recibieron sus sanaciones, los leprosos, los que escucharon sus enseñanzas, ¿donde están?, efectivamente la soledad de Jesús fue la soledad de María.
En este tiempo María experimenta soledad, cuando se sabe abandonada por los gobernantes que erigen sus gobiernos sobre una base materialista, permitiendo la aprobación de leyes que van en contra de la moral y con total ausencia de valores, María se siente sola y abandonada por el padre de familia irresponsable, por la madre indolente, por los hijos altaneros, por los abuelos sumergidos en el abandono total, por los docentes irresponsables en la formación de sus estudiantes. El Corazón de María sufre por la miseria humana, la mujer que todo lo entregó, nada recibe.
Hoy Madre queremos que te sientas acompañada por nosotros, sabemos que tú nos recibes, pues eres nuestra Madre. En realidad no estás sola, pues somos tus hijos y estamos contigo. No importa que en nosotros haya maldad, tú nos aceptas como tus hijos, y nos cuidarás como lo hiciste con Jesús. No nos odias, por que tu corazón se purificó en el crisol del dolor, y solo sabe amar como Jesús y perdonar a imagen de él, por eso venimos a hundirnos en tu regazo. Somos nosotros los que nos hemos quedado solos. Somos nosotros los que sufrimos sin esperanza. Somos nosotros los que sentimos el peso de nuestros pecados, somos nosotros los que necesitamos consuelo y compañía, por que el mal nos hunde en el aislamiento y en la más cruel soledad.
María Madre nuestra, estamos aquí para acompañarte en tu dolor. Te damos el pésame por la muerte de tu hijo, y no queremos que sigas llorando por tus hijos secuestrados y asesinados, consuela al accidentado por imprudencia, al muerto por sobredosis, al suicida que creyó escapar de sus problemas, a la joven fácil que se aparto de sus padres para hacerse juguete de cualquiera, al apático que desperdicio sus capacidades, al hijo engendrado que nunca nació, al que sufre por falta de techo, escuela y amor, a los desplazados por la violencia así como a los desmovilizados que desean un futuro promisorio.
Perdiste un hijo muy bueno, adquiriste unos hijos que te causan preocupación, pero los quieres como a tu hijo único, como a tu único apoyo y los acompañas en su vía dolorosa. Te has quedado sola, pero no queremos dejarte sola. Estamos contigo María, te acompañamos en tu pesar, te acompañamos con nuestros cuidados.
Cuenta con nosotros y delante de ti hacemos el firme compromiso de ser verdaderos discípulos de Jesús tu Hijo amado, estando de rodillas ante Él, para poder estar de pie ante los problemas.
Amén.
6 de abril de 2012
EMBELLÉCENOS, SEÑOR, CON TU PASIÓN
Que el hombre, errante y sin rumbo,
sólo sabe vivir si es para disfrutar.
Que, la pasión del hombre de hoy,
no se clava en cruz que se eleva hacia el cielo
Que, los sufrimientos del hombre de hoy,
no siempre son ofrecidos, al igual que los tuyos,
por causas nobles, santas y eternas.
EMBELLÉCENOS, SEÑOR, CON TU MUERTE
Porque, los caminos que elegimos,
se convierten en vías dolorosas de a ninguna parte
Porque decimos vivir bien, y morimos mal
poseerlo todo y carecer de lo esencial
aparentarlo todo y saber que, en el fondo,
estamos desnudos y sin nada.
EMBELLÉCENOS, SEÑOR, CON TU SANGRE
Sangre que sea manantial de Vida Eterna
Sangre que, al juntarse con la nuestra,
la convierta en rio de gracia y de amor
de ternura y de sacrificio, de perdón y de paz.
¡Necesitamos tanto tu sangre derramada, Señor!
EMBELLÉCENOS, SEÑOR, EN TU CRUZ
En ese madero donde, las pocas palabras,
nos elevan y nos hacen sentirnos más tuyos
En esas traviesas donde, el amor sin límites,
es sacrificado, traicionado pero más Divino que nunca
En ese mástil que, disparándose hacia el cielo,
nos indica el camino final de las buenas obras
el premio merecido a todo combate por Dios
la aureola que se impone a la perseverancia cristiana
el abrazo del Creador
a todo el que cumple su voluntad antes que la propia
EMBELLÉCENOS, SEÑOR, CON TU SILENCIO
Habla Tú, Señor, y muéstranos la luz de tu rostro
Habla Tú, Señor, e indícanos el camino del amor
Habla Tú, Señor, y no tengas en cuenta nuestros pecados
Habla Tú, Señor, y ten misericordia de nosotros
Habla Tú, Señor, y como al buen ladrón
deja que, ahora más que nunca,
no nos olvides al dejar este mundo desagradecido.
Amén
Javier Leoz (Pamplona-Navarra)
![]() |
5 de abril de 2012
Jueves Santo
Nos ha dejado en herencia el servicio
Por Alessandro Pronzato
Es difícil definir la atmósfera que caracteriza a la cena de despedida. Incluso porque se confunden en ella diversos elementos en contraste entre sí.
Intimidad, dulzura, manifestación de un amor que llega al último extremo («hasta el fin») y que encuentra expresiones siempre nuevas y asombrosas. Pero también dudas, vacilaciones, miedos, traiciones, declaraciones de fidelidad demasiado grandilocuentes para no resultar sospechosas. Discursos en los que se entremezcla el cariño y la amargura. Confianza y quejas. Cercanía e incomprensión. Humildad y presunción. Calor y hielo. Silencio cargado de ternura y silencio embarazoso. Luz y oscuridad. Unión con el Maestro, que domina la escena, y «dispersión», unidad que se rompe muy pronto (y no sólo con la salida de Judas en la «noche»).
Siempre pasa lo mismo cuando nosotros andamos de por medio y nos refugiamos inevitablemente en nuestras contradicciones, ambigüedades y complicaciones. Impulsos y retrocesos. Destellos de luz y sombras preocupantes. Entrega y reservas. Coraje y cobardía. Incluso en el momento decisivo conseguimos ser «múltiples», divididos, dobles. Hacemos opciones... evasivas. Tomamos compromisos solemnes sin comprometemos de veras. Pretendemos acercarnos... huyendo. «Nos encontramos» en el cenáculo, junto a él, pero apenas salimos, nadie nos reconoce. El jueves santo quizás sea esto. El, que una vez más se pone totalmente en nuestras manos. Y nosotros que no nos atrevemos nunca a darnos «del todo». Sigue leyendo...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


.gif)

