12 de octubre de 2013

BODAS DE ORO FESTIVIDAD “NTRA SRA DEL PILAR” Hna ÁNGELA GÓMEZ GÓMEZ, STJ

Son muchos los sentimientos encontrados en este día en el que celebramos como comunidad la fiesta de la Virgen del Pilar. Decir Pilar es dirigir nuestro pensamiento y nuestro afecto en primer lugar hacia María, quien gracias a su sí colaboró en la obra redentora de nuestro Salvador. Seguir la pista a María ayuda en el seguimiento de Jesús, pues ella nos indica el camino, la manera, la actitud de presencia y cercanía –a veces desde la distancia, otras muy cercana- hasta llegar a la verdadera comunión con Dios, finalidad del cristiano.
El tiempo que estamos viviendo, dentro del Año de la Fe, nos urge a una nueva evangelización y a una conversión pastoral. Precisamente habrá de ser la fe pilar, fundamento, para la nueva evangelización. Si nuestra mirada está dirigida hacia el Señor tendremos medio camino andado, pero si a esto añadimos que nuestro corazón está junto al de Jesús viviremos arraigados a Él y volcados hacia los demás.
Pero hoy nuestra celebración tiene un matiz muy particular, y por eso todos nosotros estamos aquí. Sino hubiera sido por esta razón nosotros hoy hubiéramos vivido y celebrado nuestra fe desperdigados por tantos lugares, en dispersión por tantos sitios en los que hemos de escuchar la palabra de Dios, unidos a tantas personas con las que cada día nos encontramos. Hoy celebramos las bodas de oro de la hermana Ángela, es decir, concelebramos con el gozo  que ahora sientes por todos estos años de llamada y enamoramiento, de fidelidad y consagración y de acción de gracias.
En el fondo estas tres vivencias son las que han estado muy a flor de piel durante estos años y es lo que nos ha expresado la palabra de Dios que tú has elegido para este día en el que hacemos memoria de las situaciones, las personas, las mociones, los lugares, etc.,… por los que has pasado y el Señor ha pasado en ti y –también– por medio de ti .
Llamada y enamoramiento. Hoy habrás de revivir, como seguro lo habrás hecho durante todos estos días previos, de preparación a esta celebración, la llamada. Y habrás vuelto a ver y a recordar por una parte la inocencia, la docilidad, las resistencias de fuera y de dentro, la diversidad de deseos y de pensamientos encontrados, el discernimiento, el acompañamiento, la llamada que el Señor te hizo hace cincuenta años y esa la habrás seguido escuchando, con más o menos fuerza a lo largo de todo este tiempo. La llamada del primer amor, que dicen que es la que más se recuerda, la llamada del rey eternal que es la más fuerte, se queda grabada como un sello en el corazón, que puede más que nuestras propias fuerzas.


Esa llamada fue el comienzo de tu historia de vocación, sin embargo la historia de tu salvación comenzó desde el seno materno, desde el mismo amor que sintieron tus padres. Es en la familia donde echamos a andar en todos los sentidos de la expresión. El despertar religioso fecundo, el amor sencillo vivido en el seno de la familia junto a tus padres y tus hermanos que hoy recordamos con sumo cariño, la educación en la fe, la parroquia, el colegio, los amigos y compañeros, el juego y las canciones, los lugares (Ciudad Rodrigo - Salamanca),… las hermanas de la compañía de Santa Teresa, los miedos, las lágrimas, las alegrías y las esperanzas, el “todo por Jesús” de San Enrique, el solo “Dios basta” de Santa Teresa,… estas y otras muchas vivencias estarán como resonando en tu interior. Te configuran, son parte de ti y con agradecimiento las presentas en el altar para que Dios que es Amor las siga dando vida.
La llamada, desde la inocencia y la inseguridad propia de quien balbucea en el camino del Señor, originó el amor primero y gracias a tu docilidad fuiste dejando que Él con su gracia te invadiera.
Hoy damos gracias al Señor por ti, por tu consagración y por tu fidelidad al amor que el Señor ha depositado en ti desde el mismo día de tu bautismo en el que ahí ya comenzó a germinar la semilla de tu vocación.
Todos estos años, insisto con más o menos fuerza, has vivido desde la clave del enamoramiento, desde el desposorio con Aquel que te llamó y te amó primero. Tu fidelidad a Él, tu amor por el Señor, ha sido clave para la misión que estás realizando en esta congregación de hermanas teresianas. La vocación la vives desde la convocación porque no estás sola, estás con otras y también con otros, conmigo y con muchos más, junto a nosotros realizas la misión a la que el Señor te llama cada día y que Él expresa a través de sus mediaciones.
Desde la clave del amor fiel habrás podido vivir lo que merece la pena y lo que no. Habrás podido descubrir de una manera más cierta el valor del Evangelio y como tu consagración tiene su fuente y su fin en Él: Jesús es la palabra de Dios para todos los hombres que se ha hecho hombre por ti y por mí.
Por todo ello, hoy todos nosotros damos gracias. Pero sobre todo das gracias tú porque eres la que tienes que hacer anamnesis y recapitulación de esta historia de amor fiel, con la debilidad propia de una mujer que aunque muchas veces quiera no pueda.

           No quiero decir muchas cosas, aunque me gustaría, pero hoy es el tiempo de dar gracias al Señor por todo y por todos. Y eso te toca a ti. Sé que das gracias a Dios por tu familia, por tus hermanos y sobrinos, porque son muy importantes para ti. Das gracias por las hermanas con las que convives cada día y con otras muchas que hoy no están aquí pero forman parte de esa historia personal de salvación. Das gracias por todo el tiempo que has vivido dando clase, trabajando codo a codo, junto con otros, profesores, personal no docente, etc.,… realizando la misión encomendada en cada tiempo.
           Pero todos nosotros, y otros muchos que no están aquí, damos gracias por la mediación de Dios por medio de ti. Por tu diálogo pacífico y sincero, por tu acompañamiento sereno y comprometido, por tu fe y tu sensibilidad, por tu entrega y tu testimonio,…
Tu misión en la compañía se ha decantado por dos realidades muy interesantes para mí, ser maestra y profesora. Recuerda la bella frase de Pablo VI: “El mundo tiene necesidad de testigos más que de maestros y, si prefiere un maestro es porque, al mismo tiempo, es un testigo”. Has enseñado la lengua de Cervantes y eso te apasiona. Pero hermana en tu curriculum vitae con letras mayúsculas y de oro está escrito “Ángela ha sido maestra”, maestra de novicias, en tiempos en los que había novicias. En este tiempo has tenido que desempeñar con paciencia y dedicación, con amor y entrega, con fervor y mucho mundo interior, los primeros pasos de la vida religiosa para muchas jóvenes que sintieron como y quién sabe sino a ser como tú. Maestra porque tienes aprendida la lección y la aplicas a tu vida, por eso puedes enseñar. Que responsabilidad más grande poder adentrar en la vida de oración, de comunidad, del carisma del padre fundador y de la mística Teresa.
        Ánimo, sigue de la mano del Señor, vive desprendida de todo sentimiento mundano, acércanos a los que tienes cerca a la vida del Señor, sigue adentrándote en lo que para muchos de nosotros son periferias pero para ti ya no lo son.
          Le pido al Señor, por medio de la Virgen del Pilar, que te siga cuidando como hasta ahora, que te siga entusiasmando y que al mirarte, podamos aprender la lección que Él nos quiere enseñar también a través de ti. Así sea.


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